Vendredi 20: Homélie

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Texto literal: Ayer señalábamos la frase del salmo que nos decía “ya es hora y tiempo de misericordia”, y hoy el Señor en el Evangelio nos sugiere, nos regala esta otra palabra “quiero misericordia y no sacrificios”. Es una invitación a traer a nuestras entrañas, a nuestro seno no el juicio sino al otro tal cual es, como Dios lo lleva dentro de si, como Dios nos tiene a todos en sus propias entrañas para darnos a luz, porque Dios nos ama a cada uno, ama a cada persona como se ama a sí mismo, dijo un místico.

Se nos invita a vivir la Eucaristía cósmica decíamos ayer. Una comunión universal, en el pan blanco y redondo que vamos a comulgar están todos los nombres, todas las historias, todos los sueños, todas las lágrimas y también todos los mares, y todos los árboles, todo lo que vive y refleja al Creador. Vamos a traer a nuestras entrañas la vida de cada ser humano y también toda la creación. El pasado, el presente y el futuro están ahí, están aquí, ahora, acogemos en nuestro propio latido el ritmo de Dios, la Ruah, la respiración de Dios, nos gustaría respirar con la respiración de Dios, como decíamos ayer, con la respiración de los océanos, de la tierra, con la respiración del recién nacido. Los recién nacidos respiran con todo su ser, no con una pequeña parte de los pulmones, como nos pasa a nosotros, cuando respiramos con el agobio. Recuperar el ritmo de Dios, la paciencia de una gestación permanente en el deseo de Dios, de darnos a luz. No tenemos miedo de volver a nacer, por eso no tenemos miedo a la muerte, no tenemos miedo de volver a nacer. Nuestras congregaciones, nuestra congregación no vive para sobrevivir, vive para recuperar un nacimiento nuevo, en este momento, esta es nuestra alegría, y este es nuestro riesgo. Ezequías, el rey, tiene miedo a la muerte porque vive en el egoísmo, debemos recuperar siempre la capacidad para estrenar la vida. Cuál es nuestro testamento, es lo que el profeta Isaías le dice a Ezequías, cuál es nuestro testamento, qué le vamos a legar a los demás como congregación. Nuestras manos vacías y nuestro corazón lleno de nombres, siendo canales de tanta vida, gratuidad y libertad para latir con el latido de Dios, para vivir por nada, como dijo el hermano Royer de Taizé, hay gente que con casi nada lo tiene todo. Hay gente que tiene las manos vacías, que no vive para si y son canales de vida, nos gustaría ser canales de vida. Ser libres de nosotros para que la vida renazca como Dios quiere, no como nosotros queremos.

Dijo también un monje en oriente, “hay que aprender a amar como una hoguera bien encendida sin dejar rastro ni huella de nosotros”, el profeta es libre de si, para dar la vida. Pedimos al señor que nos introduzca en esta misericordia, que nos conceda la alegría, la audacia de nacer de nuevo en este momento, y de acoger la paciencia de una gestación en Dios, para darnos a luz, se lo pedimos de corazón.

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