Mercredi 18 : Homélie

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Muchas veces vemos rezar a Jesús en diferentes pasajes del Evangelio, pero en raras ocasiones se nos ha transmitido el contenido de dicha oración. En este pasaje del Evangelio de san Mateo, como en aquel en el que san Juan nos ha transmitido la que llamamos oración sacerdotal, descubrimos dicho contenido. Jesús proclama la alabanza de Dios. Estamos acostumbrados a este fragmento del Evangelio, y no nos damos cuenta que alaba a Dios por ocultar a los sabios y entendidos aquello que ha revelado a los pequeños. ¿Quiénes son los sabios y quiénes los pequeños? Los fariseos son los que deberían conocer, y los discípulos los pequeños. Esta es la primera interpretación que se puede hacer de este pasaje.

En la segunda parte de su oración, Jesús nos revela algo de su intimidad con el Padre: « Todo me ha sido dado por el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar ». Jesús se identifica con su Padre, y nos revela esta intimidad que le une a Él. Esa va a ser la causa de su condena, « siendo hombre se hace Dios ». En esta frase podemos descubrir la intimidad entre el Padre y el Hijo, pero también la gracia que nos es dada por Él de entrar en esta intimidad. Se proclama la alabanza por esta gran revelación. Esta es la vida en plenitud, que gozaremos en la eternidad, por eso ha sido enviado el Hijo, para que conozcamos al Padre y en este conocimiento tenemos la vida, como se nos dice en la oración sacerdotal en san Juan. Esto es lo que fundó la vida de Madre María Eugenia y también la vuestra: « Conocerle y hacerle conocer ». Rezo por vosotras para que el Señor os ayude a dar a conocer a Jesús y a su Padre, lleno de amor y compasión. Amen.

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